San Carlos de Bolívar

Cargando datos de Clima...

Nota 1337 - (3ª Época)

De esto y aquello

sep. 16, 2018 13:00

en Opinión

Por el Dr. Felipe Martínez Pérez

Es  inentendible a juzgar por el camino recorrido y sobre todo por la cantidad de hombres y mujeres y niños que han quedado en el camino, o en los arcenes, y ver con el desparpajo con que  ciertos grupúsculos les da por prohibir; a la vez, que dicen por decir, que eso es lo que han padecido distintos colectivos desde siglos. Y ahí la contradicción, porque la dirigen al otro. Y es de suponer que entran en éxtasis, al prohibir con saña en países que para empezar, son democráticos, o al menos, es el sistema que tienen, porque se lo han dado.  Argentina es uno de ellos. Se podrá decir del gobierno lo que cada uno quiera, pero bajo ningún punto de vista que no es democrático, al punto que a veces parecen tontainas y se pasan de buenos. O sea, que Argentina vive en democracia, y sin embargo, parece un almácigo de prohibidores, que sin duda son tierras feraces.

     Es por ello que causa displacer el simple hecho de salir a la calle y otear que casi  todo lo que se vocifera como inclusivo, se torna, paradójicamente, en exclusivo para ellos solos. Y siempre minorías nada selectas contra las mayorías.  Además y no falla, apuntan a lo ordenado por los siglos. Se trata, en suma, de desordenar el pasado de cualquier manera, demoler tradiciones, costumbres, izar banderas sin enjundia y entorpecer las valederas. Lo hermoso que se sucede desde inmemorial, tal los idiomas, que los pueblos ponen en valor, o actualizan  a ritmo del uso, que estos personajillos no dudan en destruir. Y porque se les canta, para enfrentar; lo que se  manda por el mundo. Hay palabras que son palabrejas y duelen por la perversidad de quienes las portan y con ellas se mueven  opíparos de  dineros. Buena parte de la moda de lo inclusivo en el mundo, sirve para ahondar grietas o inaugurarlas donde no las  hay.

     Por eso causa asombro como poco a poco van envenenando la plasticidad del ambiente, demoliendo la belleza que mora en la mayoría de los vocablos, o en una frase bien enhebrada por un hombre o una mujer o un niño, y al menor descuido estas inclusoras e inclusores, que nada saben de la belleza de un idioma, amén que su lenguaje remite a una bolsa de palabras como piedras. O piedras de verdad si lo exige el guión. Hablan, por ejemplo, que debe visibilizarse mejor a la mujer cuando si tornaran la vista hacia atrás, muy hacia atrás, se darían cuenta que si alguien por excelencia, ha sido visible ha sido la mujer, sin importar la clase social de pertenencia,  y me consta desde tiempos de griegos y romanos. Se habla de ella para bien o para mal.

     Altamente valorizadas durante la Edad Media en la que caben, las que son premio en los torneos y premian a los caballeros, las que pintan miniaturas en los códices o frisos en las paredes de las iglesias, o escriben o son juglaresas o son reinas y batallan y fundan estados y naciones; y además muchas son cultas y algunas cultísimas tañen instrumentos y saben latín y componen bellas melodías, y leen a los que hoy son los clásicos y de esta manera entran en el Renacimiento. Otro tanto ocurre con las mujeres de las capas bajas, que son la mujer del pechero o la mujer del labrador, no el que posee tierras labrantías, sino el que las labra, y andan junto a sus maridos y sus hijos y viven la misma peripecia; igual que hoy.  Y para entender en esto, en vez de incordiar e insultar, hay que leer, libros que había en las casas solariegas donde anotaban poesías o párrafos de los padres de la Iglesia.  Hay que perderse en la belleza del lenguaje y ver la cantidad de inventarios donde palpita la vida.  Hay que leer a los Santos Varones para entender de forma especular que la mujer siempre hizo oídos sordos a las diatribas de los púlpitos.

     Basta ver la colección de Pragmáticas de los distintos monarcas para ver que nunca se cumplía nada de lo estipulado en relación con la mujer. Por eso buena parte de las inclusiones llevan el artificio de la exclusión. Son excluyentes quienes las practican, ya se desnuden en una playa donde no está permitido, y adrede no concurren a las que pueden retozar libremente; y si no las hay que las abran y a otra cosa. Son las mismas que se duelen por los toros de lidia, los animales en los circos o en los zoológicos, los caballos de carrera  o los estilizados galgos a la carrera, son las que de tanto batallar por ser feministas se han olvidado de ser femeninas y son en definitiva, buena parte de aquellos que se enternecen por la animales pero no se conmueven ni corren a darles un vaso de agua a los indios niños. Pero se acuerdan y los usan para enfrentar.  Que los inclusivistas son eso, enfrentadores. Ya se dediquen a todo lo anterior o a romper el idioma con los plurales de morondanga.

     Imaginaos todos estos baradelos y baradelas sin freno imponiendo bazofia.  Dejen el idioma como está que bastante se lo está rompiendo de casualidad y hasta con idioteces plurales de los académicos para que ahora vengan a destrozarlo con inclusiones varias y enarbolando cizañas.  Y como ocurre ante las cuestiones de índole, mudos los académicos de la lengua de los distintos países. ¿Y los ministros de Educación? Mudos también, los hemos visto en los últimos días sin altura. Fuera de servicio y tildados. Por eso es tristísimo que en una revista de cultura como ha sido Ñ titule  en tapa “nuestro idioma en el banquillo” cuando la claridad pasaría por ponerse a pensar que mejor y más  necesario sería poner en el banquillos a podemos, balis, baradelos y demás, antes que de verdad terminen con el habla y con quienes lo hablan; por inclusión claro. O sea, que mediante la inclusión estaremos en el banquillo quienes  pensamos. Mientras los personajillos urden.

Andar +

Monedas

Sitio web de referencia: Banco Nación

Moneda Compra Venta
Dolar U.S.A 27,20 28,20
Euro 33,00 34,00
Real 650,00 700,00